Archivo de Abril 2007|Página de archivo por mes

La cochina competencia

Así no vale, no es justo. He encontrado un blog que se creó hace apenas tres días —y cuyo link no pondré para no hacerle más publicidad— y que ya tiene más de 4,000 visitas, y la curva sigue en aumento. ¡NO ES JUSTO! Este blog ya tiene un poco más de dos meses en la web y con las justas ha pasado los mil. Y yo me pregunto, ¿cómo lo hace?, ¿cuál es el negocio? Sepa usted.

Pero ya sé cómo lo hace. Es gracias a las calatas!… Sí, gracias a esas despampanantes chicas desnudas de miradas provocadoras y posturas libidinosas, que tienen las visitas que tienen. Pues así no se puede competir. Además no creo que si cuelgue una foto mía calato tenga los mismos resultados. ¿O quizá si sigo el ejemplo de Mu Zimei y cuento mis aventuras íntimas en este blog? —más detalles en Oriente X-press. ¿O si me dedico a la lapidar con mis críticas otras entradas como lo hace Antonio Larrosa en el blog de Santiago Roncagliolo? ¿O si cuento historias paranormales? ¿O si prometo entrevistas exclusivas con alguna celebridad?… Muchas ideas para subir mis bonos, ¿no?

Pues no. No, señor. Usted no encontrará nada de eso en este blog. Este es un blog decente, aunque eso me valga ser impopular —total ya lo he sido toda mi vida. Me mantendré en mis cabales, aunque no entre ni mi madre. Al fin y al cabo, escribo porque me gusta, y debo escribir lo que me gusta. Lo haré por ustedes que siempre me visitan; por ustedes que con sus comentarios me emocionan —o me molestan—; por esos momentos que terminan dignos de publicarse. Hay mejores cosas que leer en el blog. Hasta un desconocido como yo puede hacerle el pare honorablemente a estos blogs de pacotilla.

Gracias por la preferencia (pero si quiere que le recomiende algunos blogs interesantísimos, y obviamente, con mucho más rating que el mío escríbame, ohp!).

El placer de viajar en combi

Me encontraba ayer yendo en una combi (más apreta’o que atún en lata) hasta San Gabriel y vinieron a mi mente los pensamientos que siempre vienen cuando toy apreta’o en una combi: “‘ta mare, apesta”, “ábrete a la izquierda”, “dónde vas a meter más gente si no hay segundo piso”, etc. Pero ayer fue el colmo. Porque como es costumbre, en hora punta, sube un huevo de gente… pero no hay nada más fregado que encima de todo suba un tío borracho, hasta las caiguas, ya se caía el hombre, y encima se pone a bailar al vaivén de las frenadas del experto ‘fercho’. Encima el tío choborra se chanta en medio de los asientos reservados, en donde estaban tres tías cada uno con su repectivo niño en brazos, y el tío sinvergüenza se sienta en el medio de las tres, fregándole la existencia a todos.
A todo esto hay que agregarle la música. Es decir, hasta perreo pasa. Pero esa chicha cantinera, no pes’; Aguamarina es mi límite. Si no fuera porque ya había pagado mi luca (sí, porque ante esas condiciones nicaraguas pagaba 1.20) me bajaba de la combi. Y encima cuando voy a bajar le digo al cobrador

—Baja en botica “Katty”.

—Dónde —me responde (a una cuadra de la susodicha botica).

—En botica “Katty” —replico (a media cuadra de botica “Katty”).

—¿Qué botica? —me dice con aire ‘cachaciento’ (ya en botica “Katty”).

—En esta botica, ¡¡BAJA!! —grito.

—Habla fuerte pe’ varón —me “aconseja” el acomedido cobrador.

—”Habla fuerte”, te haces el h***ón, ¿no?

Y caminé hasta la botica “Katty”. En fin, directo a lavarme las manos.
Gajes de la convivencia urbana.

Lo justo es lo justo, pe’ varón

Hace algún tiempo me sucedió la siguiente anécdota. Resulta que un día estaba yendo por una calle cercana a mi trabajo; como yo soy bien curioso (o chismoso) cuando camino, es decir, me gusta observar todo lo que hay a mi alrededor, vi que una llave estaba puesta en la cerradura de la puerta de una casa. Sin pensarlo dos veces, toqué la puerta de esa casa, y salió una tía por la ventana, con cara de quién-está-fregando, y al verme parado ahí con ojos de plato, cochino (porque siempre acabo sucio después del trabajo), me dijo: Lee más »

El coqueteo hecho baile

Eso es lo que pienso que es la marinera.
Hoy en día que se ha tirado por los suelos el significado del enamoramiento, es necesario recordar que hay otras formas de enamorar a una mujer.
No veo nada de ennoblecedor en el dar palmadas en el tepanario ajeno mientras se bambolean las caderas. ¡Qué deplorable!
La marinera es otra cosa. Es puro romanticismo. Es una forma elegante, pícara y juguetona de insinuarse ante el otro género, sin caer en chabacanerías indecentes.
Nada más romántico que un juego de miradas, que un concurso de sonrisas, y una competencia de destrezas danzantes para mostrar el interés premeditado. Pues en el esmero de la danza, en el sentimiento de la interpretación, está el mensaje que se quiere hacer llegar. La marinera reemplaza al discurso florido, a los regalos suntuosos a cambio de un lenguaje silencioso pero profundo. Nada más romántico.

Otra entrada para ti



Originally uploaded by gonmipaagonz.

Definitivamente no voy a escribir aquí las mismas cosas que te digo en privado, porque no es la voz pues… andar desnudando nuestras intimidades (jeje, qué adulto sonó eso).
Pero lo que sí puedo escribir es que te quiero un montón. Que me gustas muchísimo. Que mis ojos no me engañan, así que no miento cuando digo que con el tiempo te estás poniendo más guapa.
Ya pasamos los tres años no? Y pensar que nadie daba un ferro por nosotros, jeje. Pues que vengan muchos tres años más, amor, porque gracias a ti la felicidad está dibujada en mi cara. Porque todavía me bailan las mariposas en la panza cuando estoy por verte.
Tengo muchas cosas más que decirte, pero éste no es el lugar para expresarlas. Por ahora, me basta con sintetizarlo con un te quiero mucho.
Buenos días, amor.

Demetrio Puicón

En octubre del 2002 me encontraba sirviendo como misionero en Chiclayo. Tenía como compañero un misionero norteamericano, obviamente de Utah (la fábrica de mormones, jeje), que no podía hablar el español como hubiera querido. Yo siempre le decía que si se esmeraba para aprender la gramática castellana con la misma intensidad que lo hacía para aprender las jergas peruanas, hablaría mejor que muchos misioneros latinos; pero no, el hecho es que siempre andaba con su papelito recopilando jergas. Esto se había convertido en un problema; primero, porque él se ponía nervioso cuando teníamos que compartir nuestros mensajes; segundo, porque las personas que escuchaban nuestros mensajes no le entendían ni el buenos días; y tercero, porque yo, que soy un corrector empedernido por excelencia, estaba irritadísimo de que no se esmerara como debería. Lee más »

La vida después de un sueño

En mi vida he tenido muchos sueños. Seguramente usted también. En realidad uno tiene sueños a diario; sin embargo hay algunos sueños que quedan grabados en uno. Y no me refiero a esos sueños en los que uno desea algo con ansias, sino a los sueños involuntarios, generalmente nocturnos, a veces producto de la presión por algo que está por acontecer, a veces por la disconformidad de haber dejado algo inconcluso o a veces, por pensar incesantemente en algo o en alguien. De cualquier modo, todos soñamos; a veces lo recordamos al amanecer, a veces después de meses. Pero a veces influyen en nuestro comportamiento, pues o bien nos dejan con un sentimiento de bienestar, o bien con uno de malestar que nos mantiene alertas todo el día. Lee más »

Profetas e intelectuales

Tomemos como referencia la Biblia, uno de los textos históricos de mayor importancia. En ella los intelectuales, que se llamaban ‘profetas’ por una mala traducción, hacían un análisis político, condenaban los crímenes del rey, exhortaban a que hubiera justicia para los huérfanos y los pobres. Esto es lo que nosotros denominamos ‘intelectuales disidentes’, que fueron encarcelados, exiliados al desierto y vilipendiados. Siglos después, fueron honrados. En contraste, hubo intelectuales que fueron honrados en esa época, y siglos después se les llamó ‘falsos profetas’. Ellos eran los lambiscones de la corte del rey y eran respetados y distinguidos.*

La cita anterior, cuyo autor es Noam Chomsky, resume, en pocas cuentas, la responsabilidad de un intelectual. El conocimiento es muy importante; la sabiduría lo es más. Hay que conocer, aprender, leer, opinar, escuchar, observar y saber actuar sobre lo aprendido. En esto consiste la felicidad. Qué responsabilidad la de esos hombres intelectuales, que deben formar opiniones, difundir conocimientos y encaminar pasiones. Me quito el sombrero por ellos.

Y, definitivamente, los profetas son parte de ello. Porque además de la lucidez propia, producto de incansables esfuerzos por aprender de lo bueno de la vida, también poseen el conocimiento divino, esto como producto de dignidad y su investidura.
Espero que mis hijos aprendan muy bien esta lección.

*Citado en El Comercio

Entradas siguientes »