El placer de viajar en combi

Me encontraba ayer yendo en una combi (más apreta’o que atún en lata) hasta San Gabriel y vinieron a mi mente los pensamientos que siempre vienen cuando toy apreta’o en una combi: “‘ta mare, apesta”, “ábrete a la izquierda”, “dónde vas a meter más gente si no hay segundo piso”, etc. Pero ayer fue el colmo. Porque como es costumbre, en hora punta, sube un huevo de gente… pero no hay nada más fregado que encima de todo suba un tío borracho, hasta las caiguas, ya se caía el hombre, y encima se pone a bailar al vaivén de las frenadas del experto ‘fercho’. Encima el tío choborra se chanta en medio de los asientos reservados, en donde estaban tres tías cada uno con su repectivo niño en brazos, y el tío sinvergüenza se sienta en el medio de las tres, fregándole la existencia a todos.
A todo esto hay que agregarle la música. Es decir, hasta perreo pasa. Pero esa chicha cantinera, no pes’; Aguamarina es mi límite. Si no fuera porque ya había pagado mi luca (sí, porque ante esas condiciones nicaraguas pagaba 1.20) me bajaba de la combi. Y encima cuando voy a bajar le digo al cobrador

—Baja en botica “Katty”.

—Dónde —me responde (a una cuadra de la susodicha botica).

—En botica “Katty” —replico (a media cuadra de botica “Katty”).

—¿Qué botica? —me dice con aire ‘cachaciento’ (ya en botica “Katty”).

—En esta botica, ¡¡BAJA!! —grito.

—Habla fuerte pe’ varón —me “aconseja” el acomedido cobrador.

—”Habla fuerte”, te haces el h***ón, ¿no?

Y caminé hasta la botica “Katty”. En fin, directo a lavarme las manos.
Gajes de la convivencia urbana.

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