Lo justo es lo justo, pe’ varón

Hace algún tiempo me sucedió la siguiente anécdota. Resulta que un día estaba yendo por una calle cercana a mi trabajo; como yo soy bien curioso (o chismoso) cuando camino, es decir, me gusta observar todo lo que hay a mi alrededor, vi que una llave estaba puesta en la cerradura de la puerta de una casa. Sin pensarlo dos veces, toqué la puerta de esa casa, y salió una tía por la ventana, con cara de quién-está-fregando, y al verme parado ahí con ojos de plato, cochino (porque siempre acabo sucio después del trabajo), me dijo:

—¡Qué necesita! —mirándome de pies a cabeza, seguro pensó que le pediría fierro-catre-botellaaa.

—Bueno, en realidad no necesito nada. Buenas tardes —saludé.

—¡Qué quiere! —replicó malhumorada. Su cara me hizo recordar a las que aparecían detrás de las cortinas de las ventanas de la misión, seguido de una señal hacia un rótulo en la ventana donde se leía “En este hogar TODOS somos católicos. Gracias por respetar nuestras fe”.

—Yo, nada, sólo quería avisarle que ha olvidado sus llaves en su puerta —contesté con aire heroico.

—¡Juaaan, dejasta las llaves afuera, chiquillo del demooonio!

—De nada —dije con voz apenas audible. Total uno ya está acostumbrado a que no le agradezcan.

Seguí mi ruta. Al ir por la mitad de la cuadra, alcancé a escuchar un “gracias joven” a la distancia, más por obligación que por sentimiento. “Gracias por lo de joven” pensé yo.

Grande fue mi sorpresa cuando al día siguiente, al pasar por esa misma vereda, encontré otro juego de llaves colgado en la puerta de la casa contigua a la de “Juaaan”. “Esto es un hábito por acá” pensé; “a lo mejor esto es una señal, sí… quizá se me está dando la oportunidad de hacerme millonario… sííí, mis plegarias han sido escuchadas! ¡Es como cuando Nefi mató a Labán!!”, hasta este punto había divagado mi mente cuando escuché el sonido del timbre que mi dedo había tocado. “Otra vez mi dedo tomando decisiones por mí”, pensé.

—¿Sí, joven? —me dijo una tía regordeta. “Hay que ver cómo come esta gente”, pensé, olvidándome descaradamente de mis 90 kilos.

—Ah bueno, eh, —olvidándome completamente de saludar, pues si tenían la costumbre de dejar llaves colgadas en las puertas, lo más probable es que también tuvieran la costumbre de no saludar—. Sólo quería decirle que ha dejado sus llaves colgadas en la puerta.

Y me dispuse a seguir mi ruta, no quería quedarme parado y escuchar gritar llamar a alguien.

—¡Uyyy! Las llaves —dijo.

—Sí, las llaves —dije.

—Ay, joven muchas gracias, de verdad, gracias, seguro cuando regresé del mercado. Gracias, joven —dijo, derritiéndose en gratitud.

—De nada —respondí contrariado.

Contrariado porque, por cómo había tratado la tía del día anterior, había cometido un error popular, un deporte nacional, un hábito mundial: catalogar a todas las personas dentro de un mismo tipo. No sé qué es lo que usted piense al respecto, pero yo pienso que hay a todas las personas hay que tratarlas por igual. Precisamente antier, llegué al salón en donde estudio inglés y vi que los pupitres estaban sucios, porque el grupo anterior había tenido un pizza party, y habían dejado el salón sucio. Llamaron a los que trabajan en limpieza. Sólo de chismoso me puse a ver quién les agradecía el gesto de limpiar. Nadie. Yo le dije “gracias”, y el me constestó “no te preocupes”, dejando ver una sonrisa de millón de dólares. Me sentí identificado con él, pues recordé épocas de cuando trabajaba en “servicio al cliente”, ja, qué paradójico nombre, ¿no?

En fin, no se cumplió mi augurio millonario. Pero aprendí la lección de ser siempre amable con la personas. Tratar a todos con justicia. Mucha razón tienen los señores cobradores de combis, cuando dicen: “Lo justo es lo justo, pe’ varón”.

3 comentarios hasta ahora

  1. Edgar on

    Interesante post. Ciertamente la honradez, la gratitud y el no emitir juicios prematuros nos harán mejores individuos y mejores ciudadanos.

  2. ELY on

    que bonito!

  3. Nocturna aguila on

    Es muy importante la educacion que recibimos de nuestros hogares y ello puede ser muestra de esa enseñanza. “No se preocupe. Dice un dicho que arbol no hace montaña”, pero no se aflija, lo mas importante es con uno mismo sentirse bien, no importa lo que digan los demas. Debemos de seguir siendo autenticos. Si en la primera oportunidad, por casualidad, le hubiesen dado un golpe, no importa, al otro dia, si vuelve a encontrar las llaves, tambien se les avisa. Las buenas acciones siempre estan acompañadas de las recompensas del divino creador. Lo felicito por el articulo


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