Publicidad despiadada
Es que debería ser penado. Cómo un chico tercermundista como yo, que apenas sobrevive con un sueldo… discreto, por decirlo elegantemente, que tiene que juntar sol a sol sus chibilines, díganme, cómo poder aguantar la despiadada publicidad. Cómo no rendirme ante un spot espectacular; por ejemplo, cómo no sentir la necesidad de vestirme de Adidas si veo jugar a Cissé, Zidane, Kaká, Ballack, ¡Platini!, ¡¡Beckenbauer!! con el chibolo suertudo de José —encima se deja leer al final impossible is nothing. O cómo no comprarle Saga a mi vieja si veo que Valeria Mazza predica que allí hay todo lo que necesita una mujer. O cómo no creerle una vez más al inmejorable Paulo Coelho cuando “recomienda” usar una HP Pavilion. Entonces uno cae, se llenan los ojos del producto ansiado e inmediatamente calcula “…mmm, si trabajo tres años… quizá… claro, ya no pago esto… Sí! SÍ!” Y comienza el inútil proceso de ahorro, porque tres horas más tarde cambiaré mis objetivos materiales por otros de corte alimenticio.
Pero hasta esta constante desventura de querer y no poder, de calcular y no alcanzar, de soñar y despertar (total impossible es nothing) , hasta esto pasa. Pero que uno se prive de un montón de cuartos de pollos a la brasa para ahorrar sus reales y adquirir algo para poder dormir tranquilo, y que después sienta insatisfacción… es triste, repudiable, digno de bajarle el pulgar. Y eso es lo que me sucedió. Adquirí un flamante, innovador y atractivo Nokia 5200 —aunque con la desazón de no poder tener el Nokia 5300, porque no se vende en el Perú, a menos que sea MercadoLibre— sólo para llegar a mi casa y leer en una revista la aparición del más flamante, más innovador, y obviamente más atractivo Nokia 5700. Supongo que la tecnología avanza más rápido de lo que mi bolsillo tarda en volverse a llenar. Tenían que ver la cara de autogol que puse.
Ni modo pes’, ya llegará el día en que podré cambiar de celular cada tres meses, de laptop cada año, de auto cada cinco, de casa cada diez, porque mi carrera de Lingüística promete… promete seguir soñando, jeje [si no me río yo, nadie lo hará]. Una vez más parto a la chamba con la mira puesta en esa notebook de Coelho, a lo mejor así podré escribir como él, ¿no?
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Jajaja… ay Gonzalo, eres la muerte!… despues q hicimos casi d todo para q puedas comprarte ese Nokia, ahora dices q kieres otro! plop!… lo q es yo, si, acepto q la publicidad es cruel, he visto unas botas Bruno Ferrini en el Jockey… que pucha cuesta mas d lo q gano en un mes, pero estoy pensando en venderle mi alma al diablo x ellas jajajajaja!
Ya sabes! siempre regia… aunque sin un sol en el bolsillo jajaja!
Jaja! Muy buen post. Es verdad esto lo sufrimos todos, mas que nada nosotros “los del tercer mundo”. A mi me sucedio algo parecido con mi celular en su momento, y la verdad es que te agarra un odio que..
Muy buen blog!
Felicitaciones, excelente post!!!
Gracias “varón”.
soy publicista de upc, estudiando aún, y sí de hecho la publicidad provoca mucho, pero creo que más pesa la personalidad que uno pueda tener, nuestro carácter. Finalmente uno es un ser inteligente, no? somos libres de tomar nuestras propias decisiones y pucha relamente creo q es algo… lastimoso el que alguien deje de comer para comprar algo sólo por “la influencia de la publicidad”. A madurar gente!
Pero lo que yo escribí es que por comer no ahorro
jajaa sí pues… pero igual! hay q estar muy conciente de los procesos que genera la publicidad pero pucha hay que disfrutarlo, o sea yo AMO Adidas! y más adidas originals y siendo publicista te digo o sea sí de hecho muchas veces es muy influyente pero creo q es una invitación a jugar con la marca y entrar en su mundo de fantasía… y si uno lo va a hacer, pues hay que disfrutarlo :p y no andar quejándose ps :p
Es válido el comentario de Jonathan. Me contento con un celular Samsung que para ver el modelo tengo que destaparlo y verlo escrito en la batería. Aún conserva la antena que, asumo, se debe sacar para obtener una mejor señal. Bueno, nunca lo hice pues la señal en Lima no es tan mala.
Para los que tienen un sueldo por encima del promedio, aún es difícil resistirse a la publicidad; pero, cuando uno es casado aprende que hay cosas más importantes que las que aparecen cada día en los anuncios publicitarios.
No estoy negando que anhelo tener cosas que no están al alcance de mi bosillo: un Camry de Toyota, o al menos un Avensis. Creo que siendo un poco más realista, un Yaris (el Toyota más barato) vendría bien. Por último, muero por tener un carro de segunda o tercera, siempre y cuando esté en buen estado.
[...] dar cuenta que hay cosas mucho más importantes en las que uno sí debe poner su esmero. Es que la publicidad también cumple su cometido. De cualquier forma, voy a dar a esas cosas el lugar que se merecen. [...]